Citroën C4
Fabricante: Burago
Escala: 1:18
Autor: Guillaume Deyredk
Nosotros en España somos de cava, nuestro líquido fruto de la uva para celebraciones, pero en las tierras francesas luce champagne, entre ellos el exquisito Moët Chandon. Seña de lujo de extremo coste por botella, pero exquisitez como los trabajos provenientes de nuestro gran amigo de los tuners españoles, Guillaume Deyredk, quien nos aporta otra obra maestra luciendo arte tuner barroco sobre un Citroën C4 escala 1:18 de Burago desde Francia.
El sabor de lo extraordinario deja huella, como el trabajo artesano como es la creación en relieve sobre el capó, del logotipo de chevron de Citroën. El trabajo sobre el capó no se limita a ello, siendo alisada la zona del anagrama original, además del alargamiento sobre las ópticas de serie para generar un “bad boy” poco visto inexplicablemente. Nos referimos a dicha combinación de ello con la supresión de la tulipa, aderezado con el toque azulado de las lupas.
La defensa es barroca, que es lo que está de moda de nuevo, ( ¿acaso que estilo veis más ahora en medios y redes?). Gran boca central secundada por dos más reducidas pero generosas en sus flancos, siendo éstas inmersas en una depresión progresiva hacia las aletas ensanchadas y llegadas ininterrumpidas por el estilo monoblock. Ya en ellas apertura vertical, pero aquí no acaba esta defensa artesana creada por Guillaume, como si añadido fuera pero fusionado, extensión vertical extrema de la defensa con boca central como reflejo de la que preside, con dos al estilo gota de agua a sus flancos, espectacular el sabor burbujeante que deja, es el Moët.
El alisamiento de carrocería cede el paso a la talonera muy vertical con doble relieve señorial y claro, el estilo monoblock la convierte en uno con la carrocería en esta estampa, donde los ensanches de aleta son descomunales y bellos. El tono beige champagne mezclado con el placer dulzón del toque marrón chocolate, concede belleza potenciada por las llantas de creación artesana, con múltiples palaas en color champagne con la garganta del aro cromado. Los retrovisores fueron sustituidos por unas réplicas de los tipo M3, magnífico, es Moët.
La zaga roza el suelo como si suspensión neumática portase. Los pilotos son totalmente rojos, como esa fresa que encumbra la ingesta del fluido del éxito. El alisamiento del portón sumado a una defensa artesana de parte superior lisa, se rompe ello en la parte inferior con la “u” invertida de cuádruple división interna, las dos superiores enrejilladas, mientras los flancos reciben con relieve horizontal, la llegada del ensanche a través del monoblock.
Se visiona tras la luna trasera, un maletero bello simulando bañera de fibra en los tonos de la carrocería, con pantallas de tv presidiendo centralmente y multitud de amplificadores, altavoces y subwoofers ubicados en él.
En el habitáculo no cesa el lujo maquetuner, artesanía de Guillaume, encastramiento de pantallas en salpicadero y consola central baja, que forman junto con los baquets y volante deportivo instaurados, las burbujas que se golpean dentro de la botella del fluido dorado como en dicho tono champagne decora en pintura el habitáculo.